Ningun hijo que a su madre olvida alcanzara la paz; en su interior dejara a las fieras del dolor que devoren su vida, mientras trata de apartar la vista del sitio que lo vio nacer ya no canta por placer sino que ahoga en la risa tonta del cuenco vacio, en que convirtio su vida, el temor y la agonia a que despierte la madre y reuna a la familia y en un nuevo repartir cambie la herencia descrita por una nueva mania de pensar, que son iguales todos los hijos... que tenia.
"Un refugio para poemas errantes, en el viaje de la vida"