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Versos dichosos.

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Dichoso el verso, que el amanecer desgrana; y a tu lado prendido ve la vida, arropado de un color, nunca imaginado, en la piel que sus letras, acarician. Dichoso el verso, que tus ojos llevan, volando por el sol de mediodía, para en la luz de un nuevo ocaso, inmolarse en la pasión donde anidan, la noche, tu cuerpo y las estrellas, la luna, tu cuerpo y mi vida.                                                   Izara.

Versos dichosos.

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Dichoso el verso, que el amanecer desgrana; y a tu lado prendido ve la vida, arropado de un color, nunca imaginado, en la piel que sus letras, acarician. Dichoso el verso, que tus ojos llevan, volando por el sol de mediodía, para en la luz de un nuevo ocaso, inmolarse en la pasión donde anidan, la noche, tu cuerpo y las estrellas, la luna, tu cuerpo y mi vida.                                                   Izara.

Miro el horizonte.

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Miro el horizonte en la delgada línea, donde el cielo admira la tierra que no conoce, a pesar de que  su mar se refleja en sus pupilas. Miro el horizonte sobre la puerta infinita, donde la tierra admira el cielo que no conoce, a pesar de que su luz la baña con sus caricias. Miro el horizonte, sobre el camino avanzado, por el niño que vivía, en aquel sueño prestado, que me confió un día, para hacer con él, el camino de mi vida.                                                                      Izara.

Miro el horizonte.

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Miro el horizonte en la delgada línea, donde el cielo admira la tierra que no conoce, a pesar de que  su mar se refleja en sus pupilas. Miro el horizonte sobre la puerta infinita, donde la tierra admira el cielo que no conoce, a pesar de que su luz la baña con sus caricias. Miro el horizonte, sobre el camino avanzado, por el niño que vivía, en aquel sueño prestado, que me confió un día, para hacer con él, el camino de mi vida.                                                                      Izara.

Huellas.

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                                                      Vengo a dejar tendida la mirada, sobre la dulce tarde pensativa, cansada de las nubes de la duda; cuando la mañana es todavía, tan sólo promesa de un anochecer, que guardará la huella de la vida; para hacer con la ternura de tus ojos, la luz que haga nacer, el nuevo día.                                             Izara.

Huellas.

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                                                      Vengo a dejar tendida la mirada, sobre la dulce tarde pensativa, cansada de las nubes de la duda; cuando la mañana es todavía, tan sólo promesa de un anochecer, que guardará la huella de la vida; para hacer con la ternura de tus ojos, la luz que haga nacer, el nuevo día.                                             Izara.

Amor sin fechas, amar sin palabras.

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Y después de besar cada palabra, que se posa en tus labios cuando hablas... respiro... el perfume del aire donde habitas. Descendiendo hacia el suelo de nubes, donde la vida... se hace sueño que me acerca... a la luna de tu cuerpo, y a las estrellas que acarician... con tus dedos. Y así soñando... van mis labios soplando las cenizas, que hacen de la noche ... un ascua nuevo. Y el frenético despertar nos trae el fuego, donde arden... los labios, la piel, los besos, el sueño de la noche... y nuestros cuerpos; encendidos por la luz que se hace llama, cuando tu amas. Y en los rescoldos del encuentro, busco las brasas, para bañarlas en la ternura, de las palabras, que todo lo dicen... que todo lo abarcan... que son la esencia de lo que siento, cuando me abrazas; amor mío....yo te quiero... por encima de los días y de todas las palabras.                                      Izara.